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Arte, mística y genealogías femeninas

  • 3 sept 2025
  • 3 min de lectura

Zyanya Velázquez


La historia del arte nos da solo una visión parcial de las manifestaciones artísticas, una mirada del mundo construida desde experiencias y valores que no representan de forma equitativa la vivencia tanto de hombres como de mujeres. Como han señalado las feministas, entre ellas Luce Irigaray, “es necesario transmitir un orden cultural femenino”, uno que revalorice la identidad y la subjetividad de las mujeres como una alternativa a la lógica masculina dominante.


Desde esta búsqueda de experiencias y subjetividades femeninas capaces de abrir nuevas sendas de significación y genealogía, me interesa reflexionar sobre algunas artistas, principalmente del siglo XIX y XX, que crearon desde un contacto profundo con su mundo interior. Mujeres que, como diría Antonietta Potente, han buscado abrir las puertas a su infinito y las cuales nos invitan a abandonar las rutas del intelecto patriarcal en favor de los sentidos, las emociones, la experiencia mística y los saberes esotéricos.


Durante el siglo XX muchas mujeres  se movieron entre  la mística, la sanación y la filosofía espiritista marcando así una nueva lectura del arte. Así, podemos citar a artistas como Anna Zemánková, Madge Gill, Josefa Tolrá, Hilma Af Klint, Frida Kahlo, Margarita Azurdia o Ana Mendieta. Mujeres que mostraron a través de su arte otras dimensiones vitales para nombrar experiencias, la sexualidad, la identidad, el conocimiento y el cuerpo.

Hilma af Klint, Retablo Mayor, nº 1, Grupo X. De la serie Retablos, 1915
Hilma af Klint, Retablo Mayor, nº 1, Grupo X. De la serie Retablos, 1915

La historiadora de arte Pilar Bonet utiliza el concepto visionaria para referirse a todas aquellas mujeres que realizaron y realizan creaciones “visuales y conceptuales que trascienden al mundo físico y al puro formalismo, representando una visión ampliada del conocimiento interior.” Un término que engloba las mediaciones de estas artistas con su alma y el mundo, basadas en una experiencia no solo física y racional, sino espiritual.


En sus obras, los dibujos se convierten en talismanes; se integran prácticas como la escritura automática, la imaginación activa y la meditación.  La mayoría de ellas, utilizó el arte para atravesar duelos, guerras, enfermedades así como otras maneras de habitar y habitarse. Su creación se nutre de la alquimia, el tarot, los símbolos, los mitos y las religiones, como vías para acercarse al mundo desde otros conocimientos posibles.


Muchas de ellas no tuvieron una formación artística formal, sino que desarrollaron un lenguaje propio desde la intimidad de sus hogares. Por ello, su arte no persigue fines comerciales; más bien, representa un camino para rescatar los pedazos de su alma (Gloria E. Anzaldúa). Su arte es instintivo y simbólico. Visiones del alma, testimonios vitales que revelan lo oculto y fundan nuevas genealogías dentro del arte y el pensamiento feminista.


Mujeres como Hilma af Klint, quien formó junto a otras mujeres el grupo de Las Cinco, con quienes practicaba sesiones de espiritismo y oración; o Anna Zemánková, quien realizaba rituales matutinos en los que se inducia al trance para pintar y bordar; o Margarita Azurdia, cuya espiritualidad se refleja en la recuperación del cuerpo a través de sus pinturas, en su exploración de los orígenes de los rituales y las danzas sagradas. Todas ellas nos muestran cómo el arte puede ser una vía de acceso a lo sutil, a lo invisible, a lo profundo.



Margarita Azurdia, proyecto Homenaje a Guatemala, 1974.
Margarita Azurdia, proyecto Homenaje a Guatemala, 1974.



Esta mediumnidad —o arte visionario— no se refiere a un estilo ni a una técnica específica, sino a un sentido de creación para las mujeres en el que perciben la vida y crean mensajes, acciones y formas que van más allá del arte.  Abriendo caminos hacia un mundo onírico, puertas hacia el laberinto interior, pulsiones y alfabetos mágicos. No pertenece a una época determinada. Es más bien una forma de estar y de crear en el mundo, un modo intuitivo y profundo de nombrar su experiencia y a sí mismas.


Madge Gill
Madge Gill


Muchas de estas mujeres, como se pregunta Ana Llurba, nos llevan a cuestionar: ¿cómo se escribe la historia del arte? ¿Cómo se vinculan la estética con la libertad, la libido y lo sagrado? La historia del arte necesita ser reescrita desde otros centros, con otras palabras, otros cuerpos y otras visiones. Las artistas visionarias que aquí se evocan nos recuerdan que crear también puede ser sanar, invocar, recordar y transformar. Una invitación a mirar lo invisible, a ver no solo con los ojos del cuerpo, sino también con los de la intuición. A reconocer que en lo místico, en lo inefable, habita una forma poderosa de conocimiento, creación y libertad femenina.




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