Entre telas
- 10 sept 2025
- 2 min de lectura
Autora: Michelle Silveira
Mi madre creaba mares monstruosas que bramaban y danzaban en plena sala comedor de la casa. Los cantos de las aguja y el hilo acompasaban el ritmo de las telas flotantes. ¡Cuántas veces me hundí en la ferocidad del terciopelo rojo!
Mi madre es creadora. No hay duda. Una madre es creadora de mundo. Una madre es madre porque pare. Una madre es madre porque da continuidad al mundo. Una madre es madre porque toma el fruto que nació para acogerlo y abrazarlo.
Mi madre tenía una relación secreta y originaria con las telas. Una relación que era danza nacida de la naturaleza- Un susurro matutino de las palomas- Un Catarina posada en la mano blanda- Era lengua materna.
Era una relación que implicaba una creación cosmogónica. Una relación espiritual con las esencias del agua, fuego, viento, tierra... al estilo de una alquimia.
La relación que mi madre tenía con las telas no era instrumental. No consistía, solamente, en hacer ropas porque no alcanzaba el dinero para comprar en tiendas. Iba más allá. Ese vuelo no aterrizaba allí. Era una espiral. Una caracola.
La relación que mi madre tenía con las telas era como ese punto de luz primigenio que se expandió y dio origen al universo cósmico.
Mi madre hacía poesía con las telas. Esa relación táctil nunca ha sido revelada. Pertenece a mi madre. Lo ha guardado como se guardan las fotografías en sepia, las flores en los libros, las cartas escritas a mano. Esa poesía sólo pertenecía a ella. Como los secretos que las hadas guardan debajo de la tierra. Cuando mi madre crea con las telas palpita su autoridad femenina.
¿Cómo elegías las telas, madre? Es otro de sus secretos. Mi madre sabía cual tela elegir para sus creaciónes: una blusa para ella misma, un vestido de primera comunión para su ahijada, un pantalón para su hijo o un vestido de danza para su hija. Cada tela, cada color, cada textura, pasaba por su almacorporal y la relación que tejía con cada persona a quien iba a dedicar esa vestimenta.
Mi madre es una gran lectora. Una lectora de mundo. Una lectora de telas. Mi madre no creaba solamente telones o ropa. Creaba mundo. Hacía mundo.
Marina Colsanti en su texto Más allá del bastidor, llevó a una niña a hacer un jardín completo. Su propio jardín. Eligiendo desde la entraña cada hilo, cada color. Cada ave, cada planta, cada árbol, cada fruto. Así, mi madre, más allá del bastidor, cada hilo, cada puntada, cada tela, cada botón, fue pensada y hecha no por las manos, sino con toda su almacorporal. Mi madre cosía y descosía.
Mi madre cose y descose. Hace vida.

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