La escritura como herramienta pedagógica desde el feminismo
- 7 jun 2023
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Actualizado: 8 jun 2023
Michelle Silveira
El patriarcado ha sido un relato que ha intentado tocarlo todo. Un proyecto desordenado que intenta convencer-nos -a las mujeres- sobre su voracidad. Se empeña en afirmar que no ha dejado un rincón libre en nosotras, que ha llenado nuestra cuerpa, emociones, sentires, pensares, historia. Todo.
Y es que creer que el patriarcado no ha ocupado nunca la realidad entera ni tampoco la vida entera de una mujer (María Milagros Rivera Garretas) no es sencillo, pero, creer que el patriarcado lo ha abarcado todo puede ser fatal para nosotras porque nos lleva a la falta de conexión, nos aleja del amor por la vida, incluso nos lleva a sentir que nacer mujer es un peaje de sufrimiento y violencia.
Ese desorden -que es el patriarcado- perturba y provoca confusiones, pérdida de sentido y nos separa la mente del cuerpo. Insiste en afirmar que todo lo ha tocado. Pero, definitivamente, no lo ha hecho. Así que para darle final hay que irle restando poder simbólico -dentro de nosotras.
En la historia de las mujeres (incluso antes del feminismo) encontramos muchas prácticas que nos colaboran para darnos orden, la escritura ha sido y es un hacer que nos da orden.
La escritura es una ruta para adentrarnos en nosotras pero no cualquier escritura. Una práctica de la escritura que nace de mujer, que se aleja del falso neutro masculino -que no contiene a las mujeres-, en primera persona, que usa el género gramatical femenino, que se teje con los relacionamientos de las genealogías femeninas, que acude a la lengua materna y que se procura espiralada. Una escritura que nos sabe herederas de la palabra -no tergiversada- y creadoras de palabra para nombrarnos y ser mundo.
La escritura como herramienta pedagógica feminista nos va conectando con nosotras mismas -como mujeres históricas- y con el mundo. La escritura nos sitúa en el aquí y el ahora, nos permite leernos desde nuestro presente y da un orden temporal distinto al cronos -patriarcal- para sentir-nos.
La escritura como herramienta pedagógica feminista nos invita a la exploración y a la apertura de un diálogo interior para crear nuevas conexiones nerviosas y políticas -como mujeres. Es una puente hacia el adentro de mí misma, no en individual, sino en relación con mi origen, mi lengua materna, mi genealogía femenina y la historia de las mujeres, para, desde allí, poner atención a mis entrañas, a mis sentidos, a lo que voy sintiendo y al sentido de mi existencia. Volviendo -siempre- de diferente manera: haciendo mundo y siendo mundo porque las palabras nos pueden dar orden: el orden simbólico como mujeres. La escritura es una ruta, de muchas, en la que vamos haciendo presente el Final del patriarcado, experimentándolo en cuerpa propia.
La escritura nace de las recolecciones que hacemos
Ursula K Le Guin dice que fue la bolsa -por encima de la lanza- el primer instrumento verdaderamente útil en la vida. La bolsa surgió para guardar las semillas que se recolectaban. Así, la práctica de recolectar palabras- semilla es también, para mí, volver al origen creador.
Recolecto palabras-semilla que puedan germinar en mí -o no-. Palabras que me resuenan, que me convocan, me conmueven, atraviesan o confunden. Cada día dispongo de mi bolsa simbólica, que es una libreta y mi rotulador favorito. Así, una de mis acciones cotidianas es la de recolectar palabras en mi libreta para después detonarme a partir de ellas.
Recolectar es una práctica que me hace sentir el Final del patriarcado porque es un hacer que guía al orden simbólico -a hacer mundo con las nuevas palabras que elegimos nos vayan habitando. Escribir es sembrar. La siembra de las palabras llevan a tomar conciencia de que: es nuestra autorización para escribir la que debe tener cabida en nosotras. Una autorización que ha nacido históricamente de los relacionamientos entre mujeres.
Escribir como una práctica pedagógica feminista me posibilita ser mi propia medida y encontrar la palabras para decir-me desde el más. Cambiar el orden en que ha sido narrada mi historia mediante detonantes escriturales creativos, lúdicos, poéticos.
Como mujeres hay que seguir recolectando palabras, voces y rutas que provienen de las genealogías femeninas donde otras -mujeres- han hecho simbólico y han enseñado herramientas para dejar de dar poder al patriarcado.
Las palabras para decirnos son importantes. La escritura, si la hemos aprendido, es una posibilidad para recolectar palabras que puedan decir nuestra verdad, nuestros sentires y nuestra historia en un relato que no es el del patriarcado, que es el de las mujeres, el relato de la vida. El patriarcado va llegando a su final -simbolicamente- en nosotras, estamos dejando de darle poder. Ahora la autoridad somos nosotras.


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