La promoción de la lectura como una herramienta desde una pedagogía feminista
- 19 jun 2023
- 5 min de lectura
Laura Arauz
Leer el mundo como mujer me sitúa en un lugar abierto a la significación, al sentido, los sentidos y lo sentido. Hay que mirar con la nariz, con las manos, observar el espacio que hay entre la hierba, escuchar el espacio que hay entre las cosas, escucharlo con las manos, escucharlo con los ojos, escucharlo con la nariz, escribe María José Ferrada.
¿De qué manera va trayendo una el final del patriarcado? ¿Cómo sabe que ha ocurrido y, que está ocurriendo, sino sintiéndolo en cuerpo propio? Para mí, leer el mundo y, leerlo en femenino libre es hoy imprescindible. La promoción de la lectura con mujeres es abrir la posibilidad de leer el mundo en femenino libre. Es abrirme al encuentro, permitirme entrar en diálogo con el mundo. No hay definiciones ni respuestas dadas, sino la apertura a la posibilidad. Como mujer, pedagoga y mediadora de lectura la palabra posibilidad siempre me ha parecido muy propia.
Desde la educación popular hace décadas se ha dicho que todos somos lectores de mundo. Hoy, a mí me parece necesario nombrar desde la diferencia sexual femenina que, todas somos lectoras de mundo, todas leemos el mundo, sólo basta tener un cuerpo para que suceda. Hoy me parece también necesario reconocer que, la promoción de la lectura es una herramienta y como tal se la puede usar para diferentes cosas y causas, y que, desde una pedagogía feminista, a mí me permite leer el mundo haciendo que ocurra el final del patriarcado. Leer textos no es una actividad a través de la cual nos ponemos al corriente luego de tantos años de la negación abierta y declarada contra las mujeres de la cultura escrita masculina. Leer textos, de hecho, comenzamos a hacerlo hace más de un siglo, cuando dimos cabida en nuestras vidas a la idea de la integración a la universidad y al mundo laboral. Con el feminismo comenzamos a leer a muchas más mujeres, y hace no tantos años, inició una tendencia editorial de textos políticamente correctos. Para mí, la promoción de la lectura como herramienta desde una pedagogía feminista aunque sí, se trata de acercarse al pensamiento y creaciones de las mujeres, voy sintiendo, como lectora y como mediadora de lectura, que no todos los textos hacen posible traer el final del patriarcado. Traer el final del patriarcado es poder notar las mentiras y tergiversaciones patriarcales e ir más allá, experimentando en cuerpo propio la libertad femenina.
El patriarcado ha traído mucho desorden al mundo, venimos a un mundo ya significado (en masculino) que, con pretensiones de implantarse como verdad única, simula que no hay experiencias en la lectura de mundo, niega la diferencia sexual femenina como productora de sentido propio. Al imponerse como perspectiva única y verdadera, el patriarcado oculta la imposición de su visión como válida para las mujeres (Candela Valle Blanco). La significación masculina sesgada que hace el patriarcado pareciera no dejar espacio entre la hierba.
Me importa traer a la promoción de la lectura la lectura del mundo, porque es, desde mi propia experiencia como lectora que, entre una y otra, dialogan continua y espiraladamente. Mientras que, por mucho tiempo el sentir y el pensar de las mujeres estuvieron relegados a un lugar secundario, (lo que no significa que no hubiera mujeres que estuvieran leyendo el mundo en femenino libre) las mujeres creímos la ilusión de la neutralidad, leer el mundo desde la mirada masculina otorgaba pautas de experimentación ajenas a nuestra diferencia sexual femenina.
Siendo el cuerpo propio el instrumento con el que tocamos la vida y con el que leemos el mundo naturalmente, otorgamos sentido y significados a aquello que leemos con el cuerpo entero. La mentira sobre la separación mente-cuerpo nos hace creer que todo fue tocado por el patriarcado y que será una batalla muy dura recuperarlo. En realidad, el cuerpo y la mente nunca estuvieron separados, lo que sucedió fue una desconexión, proceso en el que dejamos de notar las evidencias del cuerpo y de los sentidos, pero es restituible.
Es el encuentro con las palabras de otras mujeres que han leído el mundo desde la libertad femenina lo que nos da apertura a la significación rompiendo las paredes de la linealidad. Cuando una mujer lee y escribe el mundo en femenino libre, se autoriza a sí misma a relatar el mundo desde su mirada y experiencia femenina autorizando a su vez, a otras mujeres a hacerlo, a continuar con la obra creadora, abandonando la mirada masculina que busca definiciones y no posibilidades abiertas de significación que dan sentido a la vida.
Leer el presente es imprescindible para nosotras como mujeres, la lectura de mundo nos orienta y nos abre las posibilidades de creación de presente. Una lectura del presente y de la realidad sesgada por la mano masculina, además de desorientarnos, traer dolor y sufrimiento para nosotras, debido a la crueldad que manifiesta, en cuestiones prácticas y cotidianas hará parecer que el final del patriarcado nunca será posible, que ser mujer es una miseria.
Como mujeres que nos dedicamos a la promoción de la lectura no tenemos que leer lo que ha sido llamado como cultura escrita, que es masculina. Cada una a lo largo de la vida va haciendo sus recolecciones, sus constelaciones de textos escritos por mujeres. De allí que no hacemos recomendaciones de libros, sino que compartimos aquellos textos que han pasado primero por el cuerpo propio, aquellos que dialogan conmigo, que me llenan de preguntas, que traen nuevos sentidos y significaciones, que amplían mi lectura acerca del mundo. Hay textos escritos por hombres que alguna vez hicieron sentido, en una clase dijo Laura Mora que, si algo hace sentido es porque tiene algo del origen, es decir, de la armonía materna. A mí me sucede que, hay textos LIJ escritos y/o ilustrados por hombres en los que percibo que algo hay del origen, creo que la LIJ es un espacio de creación que ha sido muy cuidado, un espacio amoroso, es por eso que me hacen sentido.
Desde la pedagogía feminista para traer el final del patriarcado, la intención del compartir ciertas lecturas con las mujeres me ha permitido pensar más a fondo acerca de los libros que quiero seguir convidando, así como mi acercamiento a los libros y el encuentro que propicio entre estos y las niñas y las mujeres. En mi experiencia, muchas veces he sentido que la forma de acercarme al libro y de crear el encuentro es la clave. Pensar en lo que las otras requieren es una forma de pedagogizar (en masculino) la promoción de lectura, pensar en los textos como abordajes de temas es empequeñecer el espacio de la experiencia de la lectura, decir a otras de lo que trata un texto encuadra el sentir a lo ya esperado. Así que, como promotoras y mediadoras de lectura lo que habremos de hacer es dejar abierto el espacio, el espacio que hay entre la hierba, propiciar la creación de sentidos y significados, para hacerlo no necesitamos que los libros tengan que ser feministas, para leer el mundo a través de los libros requerimos de la disparidad, de la complejidad, es la mediación la clave que intencionadamente hace posible traer el final del patriarcado.



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