Un mundo se abre
- 12 may 2023
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Laura Arauz
CDMX
Nací y crecí en lo que ahora llamarían barrio precarizado, lo que significa que el relato de la carencia de cosas y posibilidades ha estado muy presente, así como, el de la niña y la mujer que tiene que luchar para conseguir lo que desea. Desde que recuerdo, mi madre solía decirme que todo lo que deseaba lo conseguía, no siempre fui consciente de lo que eso significaba en mi historia como mujer que se encuentra en relación con otras mujeres, comenzando por mi madre y con mi abuela.
Sucedía mucho el que alguien me dijera que no iba a poder realizar cualquier cosa por extraña razón, despertaba algo en mí que me llevaba a preguntar ¿por qué no? Esta pregunta no nacía de la confrontación, sino de la curiosidad, son reacciones que tienen orígenes muy distintos, no alcanzaba a entender por qué alguien, de una forma tan tajante, podría decir que algo no era posible, me preguntaba, ¿Por qué está afirmando tal cosa? Este dudar de la certeza de quien sentenciaba me abrió el camino para apreciar lo que ahora entiendo como libertad femenina, porque es la pregunta que manifiesta la duda de la lectura que han hecho otros u otras acerca del presente, pero también nos abre a la búsqueda, porque en el fondo se encuentra la intuición de que hay algo más, de que no todo es como nos han contado.
Generalmente fueron hombres los que me dijeron que algo no era posible, pero, como aprendí a diferenciar con Lia Cigarini, la libertad no es una, sino sexuada, la libertad no significa ni es la misma para los hombres que para las mujeres. Como niña, en un mundo masculino, la libertad pasa por otros filtros. En su relato masculino, la libertad se gana, se lucha y se muere por ella, se hace norma y ley, se hace derecho, se da y se quita, se tiene bajo ciertas condiciones, coincide con la independencia económica, con el poder adquisitivo, con la raza y la clase correctas. Mi relato se entretejió profundamente con el relato de la carencia y el de la precariedad. Desde ese lugar, llegué a considerar que no había sido libre y que ninguna mujer lo ha sido ni podrá serlo y, para intentar serlo, tiene que luchar y resistir.
Los relatos acerca de las mujeres que luchan se volvieron un referente de libertad, dejando, al mismo tiempo, fuera de nuestra vista lo que nuestras madres y abuelas hacían para crear presente, sólo importaba si ellas habían estudiado, ingresado al mundo laboral, ganado su propio dinero, comprado una casa o un auto. No sólo dejando a muchas mujeres fuera, sino, definiendo una forma de libertad como homologación con los hombres. Comencé a creer que todo lo que la gran mayoría de las mujeres habían hecho, había sido sin consciencia, porque estaban dominadas, oprimidas, explotadas, colonizadas por el patriarcado. El relato del héroe, del que escribe Ursula K. Le Guin en La teoría de la bolsa de transporte de la ficción, se encontraba en mí, ni mi madre ni mi abuela podrían haber sido mujeres libres ya que sólo habían sido tristemente orilladas a ser madres, vivir con un hombre, no estudiar, se quedaron en casa a lavar trastes, ropas, pisos, a planchar, a cocinar, a cuidar de otros. Como mujer emancipada yo deseaba otra libertad para mí, esa libertad tenía que ver con todo lo contrario a lo que eran mi madre y mi abuela. Para mí, fue necesaria mi emancipación, pero ese proceso me alejó de las mujeres y, me hizo creer que la libertad no tiene que ver con todo lo que ellas abrieron para hacer posible mi libertad en el mundo, y creer que la libertad no es sino una ganancia propia, individual.
Tomar conciencia del mundo que construyeron los hombres para las mujeres no es lo mismo que la emancipación. Esta última nos desvincula de nuestra genealogía femenina, la toma de conciencia, en cambio, la reconoce. La emancipación que siempre es masculina, no reconoce las relaciones entre mujeres ni las mediaciones femeninas, desde la confrontación rechaza todo aquello que cree le oprime y domina. La toma de conciencia es una nueva lectura acerca del mundo y del presente que reconoce la verdad de las mujeres, sin intermediaciones masculinas que nos hagan creer que llegamos y nos hicimos solas en el mundo, ni que nos digan que toda aquella experiencia de la sujeción, la opresión y la dominación debe eliminarse al no saber qué hacer con ella.
Sé que mi madre y mi abuela hicieron posible que yo pudiera alejarme de ese mundo que ellas habían habitado, en el que, como escribe Diana Sartori sobre su abuela, desarrollaron estrategias para saber habitar y continuar con vida, haciéndolo desde una lectura del presente que ellas hicieron, porque, aludiendo a lo pedagógico libre, todas las mujeres leemos el mundo, porque leer el mundo no se reduce a la decodificación de signos. Desde la lectura de mundo que llevaron a cabo mi madre y mi abuela hicieron posible un continuo presente para ellas y un futuro para sus hijas y sus nietas. Sé que hay cosas que no supieron ver, la lectura de mundo sucede pero también se forma y se amplia, hay cosas que una no puede ver aunque las mire, ignorándolas o dándoles una interpretación distinta. Es esa lectura de mundo que ellas hicieron y que, cada mujer realiza, es la que nos abre o nos cierra en el mundo. Lo verdaderamente trascendental que leyeron mi madre y mi abuela en su presente fue aquello que cambiaron para sí mismas y para nosotras. No me siento ya con la soberbia de exigirles haber hecho mucho más, antes sí, les reclamaba todo aquello que consideraba las había hecho menos sin mirar su más. Confío en que a partir de su lectura de presente crearon esas estrategias y tácticas para habitar el mundo, no se trata ya de estar o no de acuerdo con lo que leyeron del presente ni con los cambios que hicieron, sino de saber notarlas. Sé que hemos hablado mucho acerca de rescatar todo aquello que hicieron nuestras madres y nuestras abuelas porque es su sabiduría la que nos abre paso, pero reconociendo que su presente y el nuestro no coinciden, que sus estrategias corresponden a su presente y su lectura del mismo y nosotras habremos de hacer lo mismo. Pensarlas habitando el mundo no como oprimidas sino como creadoras de éste, a nosotras sí que nos autoriza a la experiencia de la libertad, notando donde ni siquiera imaginábamos la libertad misma. Vuelvo, no se trata de negar la realidad, sino de leerla de forma que nos haga posibles, que nos permita habitar el mundo sin que el patriarcado continúe habitando nuestras mentes y, como pensamiento y realidad siempre se encuentran entretejidos, pareciera que todo aquello que nos ha dicho el patriarcado es real.
El final del patriarcado sucedió en mi madre y en mi abuela, ocurrió de una forma que las mujeres no hemos sabido leer, porque no llegó como esperábamos y no lo reconocemos, como han escrito las mujeres de la diferencia. La libertad de las mujeres, aunque puede estar entretejida con aquello que llaman independencia económica, no se queda ni se agota en ésta. Me ha sucedido que en los momentos en que económicamente me he sentido más estable, no ha significado una mayor creación de presente, de escritura, de proyectos… de mi parte. Porque la libertad, para mí, tiene que ver con la creación. Reconozco que, desde muy pequeña fui una mujer con deseos de crear, que si bien, en un inicio creyó que la carencia era mi mayor limitante, descubrí que no es así. La libertad de las mujeres trata precisamente de eso, de autorizarnos unas a otras para leer en el mundo lo que no hemos sido capaces de notar antes y de autorizarnos a la creación. Y, esta autorización, ocurre cuando aquellas mujeres experimentan en sí mismas la libertad, porque la libertad femenina no se enseña, sino que se experimenta, cuando la noto en la otra me amplia la propia lectura de mundo haciéndome saber que hay otras maneras posibles de estar en el mundo, de habitarlo, de experimentarme. No puedes enseñar la libertad a la otra restringiendo la libertad a una definición o a un mandato, la libertad se enseña viviéndola, porque, la libertad pasa por el propio cuerpo. La libertad que una piensa posible para sí misma tiene que ver, sí, con la propia lectura de presente que una hace, pero también con las mujeres con las que se relaciona en ese presente y, con las mujeres con las que se ha relacionado. No es que la otra nos tenga qué decir lo que es la libertad ni indicarnos una serie de pasos a seguir para alcanzarla. Muchas veces, una puede confundirse y cree ver libertad donde en realidad hay poder o emancipación, sin embargo, la vida es un precioso camino para poder discernir.
Respecto a la carencia, es un relato que he resignificado, en un momento me hacía creer me imposibilitaba la creación, hoy sé que la carencia es parte de la vida. En la vida nos encontramos constantemente con situaciones que dificultan nuestro hacer, entonces, ocurre que según como una signifique la carencia o, te inmoviliza o te lleva a preguntarte qué es lo que puedes hacer con eso que sí tienes. Allí es donde yo he encontrado mi libertad como mujer, recordando que eso ya lo había notado en la vida de mi madre y en la de mi abuela. En la carencia encuentro un lugar para hacerme cargo de la realidad, en la que se encuentra mi deseo con lo posible. Para hacer que suceda la libertad femenina, como mujer viva, debo practicarla.
Es en este autorizarme a practicarla que he ido descubriendo que no puedo decir a ninguna mujer como ser libre, puede compartir mi lectura de mundo, puedo compartir las formas como yo la experimento, sé que a esa mujer con la que comparto puede hacerle sentido o no, o le dará otro sentido, puede ser que como las semillas con su propia capacidad germinativa debido a su estado de dormición y, así como las palabras hacen su trabajo, como escribe María Milagros, pueden germinar pronto o pueden germinar tiempo después y lejos de nosotras o, pueden no germinar. Pero hay un diálogo que se abre entre nosotras, no sólo con lo que decimos, sobre todo con nuestro hacer, que amplia nuestras lecturas acerca del mundo, quizás la otra no elija hacer lo que hacemos, pero sabe que es posible.
Es así que, reconozco la libertad presente en la vida de las mujeres, con la consciencia de que la libertad femenina es relacional, nos vamos haciendo posibles unas a otras no con definiciones ni monumentos, sino en la fluidez misma de la vida.

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