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El final del patriarcado ha ocurrido… en mí

  • 15 abr 2023
  • 5 min de lectura

Actualizado: 16 abr 2023



Me gusta intencionar, es la razón por la que me gusta pensar en el final del patriarcado como intención, aunque también me gusta pensarlo como una realidad en la que cada día de alguna forma pueda notar que ha ocurrido y recordarme que no ha sido casualidad sino que ha sido traído por las mujeres con toda la intención de que no ocupe más la mente, la historia, la existencia ni la vida de ninguna de nosotras. Es por eso que, aunque me haya costado poder notar que el final del patriarcado había ocurrido ya en mí, elijo poner atención a las mujeres que lo afirman porque sé que el patriarcado con toda la intención y violencia posible ha intentado tergiversarlo todo de forma que cualquier indicio de libertad femenina que se encuentre presente en mi vida no sea capaz de notarla ni yo misma ni de darle una lectura diferente, dificultando mi capacidad de leer el presente y leerme en él.



Ahora pienso que aprender a leer el presente es como cuando una intenta aprender a leer un mapa o la carta astral, se requiere de puntos de referencia que, además de señalar, orientan y hacen simbólico dando sentido a la vida y a las relaciones. Cada mujer requiere orientarse, para mí, así como para muchas mujeres, fue necesario dejar de colocar a la violencia como protagonista de la historia, es decir, de la historia de las mujeres y la historia propia. Además, de tener a la mano una genealogía de mujeres que son mediaciones femeninas a las que autorizamos para orientarnos en nuestra propia existencia, sin colocar en su historia la mirada masculina de la miseria, el dolor o el sufrimiento. Sé que así como puedo leer mi propia historia desde la mirada masculina, puedo interpretarla desde un simbólico diferente. Llegó un momento de mi existencia en el que me pregunté si en el presente podría alguna vez conectar con la vida, me di cuenta de que había concentrado demasiado mis energías para algo que no sabía si iba a existir, ni siquiera sabía si iba a seguir viva para ese entonces, estaba cediendo mi vida a la política, que ahora sé, fue una forma de entender lo político desde lo masculino donde todo es emancipación, rebelarse, revolución, lucha, resistencia, polarización y que, si no se pone atención, una misma se omite completamente hasta que llega el momento en que entristeces y enfermas y te das cuenta de que puedes pasar el resto de tu vida en esa forma de hacer política sin que notes en el presente ningún cambio, y eso, tiene que ver con la idea de utopía, esa que nunca es tangible, de la que ya escribieron los hombres porque es fundamento de la sociedad moderna y de la política de izquierdas, encontrarse siempre en lucha y en carencia.



Así, es como hago posible para mí que el patriarcado pierda crédito, no es que una no se percate de la violencia o que la haya aceptado voluntariamente pero, sin saber cómo orientarme, creí que la vida era eso, no había ningún simbólico que me dijera lo contrario, es decir, no me había percatado de su presencia, porque sí que ha estado en la vida de las mujeres más cercanas a mí que han sido mi abue, mi mamá, mi tía materna y mi prima. Anduve buscando en sus historias rastros de emancipación, es decir, en los que buscaron esa libertad que es masculina y, por supuesto, no los encontré, las creía siempre oprimidas, dominadas, explotadas, víctimas, luchando, en resistencia, sobreviviendo, aisladas. Lo que en la realidad se estaba traduciendo en desesperanza y melancolía, porque cuando una ubica desde esa mirada masculina a su genealogía se está diciendo a sí misma que la vida de una mujer es miseria y sufrimiento per ser, es decir, que mi propia vida es así.



Habiendo buscado puntos de referencia y orientación, es decir, mediaciones femeninas que me autorizaran en el mundo y en mi vida, primeramente, fue que elegí vivir, yo debía aprender a autorizarme la vida, debía desear vivir, estar presente en el mundo. Mi madre, que es mi origen ya lo había hecho, me había traído al mundo haciéndome posible, pero sin mi deseo me sería imposible aprender a relacionarme de diferente manera con la realidad. Las mediaciones femeninas de las que dispuse me han hecho saber que la libertad de las mujeres no es un acto único en la vida, sino que es cotidiano y relacional, unas a otras nos vamos haciendo posibles en el mundo, de eso va la pedagogía en femenino para mí, de irnos autorizando y en esa práctica política hacer simbólico para que no queden como actos aislados ni casuales.



El aprender a relacionarme de diferente manera con la realidad ha significado para mí esa toma de conciencia que es el conocer la otra parte de la historia, la no contada ni tergiversada pero presente, que es la historia de las mujeres, en la que en el origen se encuentra la madre, la de la vida, el nuevo relato que en realidad es viejo pero que estamos aprendiendo a notarlo, apreciarlo y recuperarlo en la existencia diaria, que tiene que ver con la relación que es relación con lo existente en el mundo, con la recolección, con la bolsa para transportar, es la historia que no es apasionante porque no hay guerra, ni conquista, ni sangre, ni tampoco es heroica porque no cuenta la historia de una mujer ni por encima ni separándose de las otras, sino la del día a día, la de la siembra, es decir, la de la vida, que es en la que una hace posible que algo esté presente y que suceda; la del cuido, que es en la que se hace viable la germinación, el crecimiento y el mantenimiento de la vida; la de la cosecha, que hace tangible, pero sobretodo nos recuerda que para hacer de la tangibilidad presencia es necesario tener presente la ciclicidad ya que pone en el centro la relación con la tierra, con los procesos y sabe que lo efímero son los resultados.



Mi forma de hacer ocurrir el final del patriarcado es contándome ese otro relato, el de la historia de las mujeres donde el origen es la madre que es la que está siempre antes y la que nos hace posibles., es el relato que me habla de la experiencia de las mujeres en el mundo, de su presencia en cada relacionamiento que lleva a cabo cada mujer, en el que coinciden las palabras con la realidad. Pero, sobretodo, es haciendo posible ese otro relato en mi presente al cuidar de la vida y de la relación y esparcirlo como semillitas, quizá germine en otros lugares y en otros tiempos.




Laura Arauz

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