¿El final del patriarcado ha ocurrido y no por casualidad?
- 18 abr 2023
- 6 min de lectura
Michelle Silveira
12 abril 2023
Cuando recién me enteré que unas mujeres que fueron parte del movimiento feminista italiano de los setentas se dieron cuenta de que la promesa de la emancipación no pertenecía a ellas porque no las incluía, -aunque fueron parte de luchas civiles en grupos con hombres de izquierda- recordé las veces que fui parte de la llamada lucha social y estudiantil. En cada uno de esos espacios, las mujeres, siempre venimos después, es decir, como mujer sólo fui una colaboradora más en la aspiración de la libertad masculina. Me percaté, entonces, que ahí no siempre se obtiene la libertad.
Después cuando el feminismo llegó a mí través del relacionamiento que tuve con algunos textos escritos por mujeres, encontré otras voces donde ellas no le estaban pidiendo al estado nada. Y sí estaban quitándole las capas al patriarcado, ¿estás haciendo lo tuyo? Leía en Audre Lorde.
Sin embargo, cuando ingresé a colectivas feministas los sentires y relatos se me revolvieron. Alimenté la rabia que había acumulado antes de encontrarme con el feminismo y fue allí donde el desorden invadió mi cuerpo. No aguanté mucho tiempo. Enfermé. La militancia feminista, que ahora considero una falacia y contradicción, me apartó de mí misma por muchos momentos y me acercó más al relato del patriarcado.
Volví a los textos escritos por mujeres feministas, muchas. Y así, gracias a esos relacionamientos fui llegando a mujeres que creían en la libertad, no comprendí mucho en su momento. Dudé incluso. Puse en crítica muchas palabras que encontré en su escritura midiéndolas con los cánones masculinos que había aprendido.
Así el camino, las mujeres, fueron llevándome a lo que llamo la Anunciación: El final del patriarcado de las mujeres de la Librería de Milán. Recuerdo que la primera lectura me dejó atónita. No entendía desde el razonamiento. Aunque ya tenía años relacionándome con los textos feministas de otra manera a la que aprendí en la escuela, aún brotaba de mí esa desconfianza. ¿El final del patriarcado ha llegado y no por casualidad?
He tenido varias relecturas de este texto y en esta última en particular me he detenido para preguntarme si acaso creo que el final del patriarcado llegó a finales de los noventa del siglo pasado. Y afirmo con certeza que sí. Yo a finales de los noventa desconfiaba del capitalismo porque no sabía de la existencia -en término de nombre- del patriarcado. No sabía que el relato basado en el contrato sexual tenía un título. Tampoco sabía que era más sofisticado de lo que yo imaginaba. Sin embargo, no me hizo dudar ese texto de ese final simbólico en las mujeres.
Hace un tiempo que nombro al Patriarcado como: relato del patriarcado porque ya no pretendo darle la legitimidad completa en la Historia. Hay, en paralelo si acaso, la Historia de las mujeres de la que soy parte, de la que es parte mi madre, mi abuela, mi tía y muchas más mujeres que no salen en los libros de texto, ni ocupan los lugares cuota.
El relato patriarcal no ha dejado de ocupar completamente mi mente, pero sí sé que nunca me ha abarcado toda. Voy restándole importancia y jerarquía cada vez que enuncio que soy una mujer nacida de mujer. Que mi madre con todo y sus desórdenes simbólicos, me parió y fue mi primera mediadora con el mundo y la primera autoridad femenina. Voy hablando en a partir de mí, en primera persona y con el pensamiento de la experiencia, el cuál es un reto cada día, porque aprendí en la escuela a escribir con el pensamiento del pensamiento, incluso en la poesía.
Hace poco escuché a Nieves Muriel y dijo muchas cosas que me atravesaron, entre ellas que la poesía es femenina que si acaso se debería acotar poesía masculina cuando la han escrito los hombres. Estas palabras se han quedado en mi entraña porque desde pequeña cuando comencé a escribir poesía lo hice imitando los parámetros masculinos, los cánones, tradiciones y sobre todo a ciertos escritores. Dudé de mi intuición, de mi experiencia, del uso de mi palabra y mi voz en la escritura. Puse en una balanza mis sentires y el relacionamiento con el mundo y comencé a escribir como los infrarrealistas, existencialistas y lo único que sucedió fue sumergirme en una miseria patriarcal que me llevó al fondo.
La poesía es femenina y eso viene también con el Final del patriarcado. ¿Lo creo? Por supuesto. Sé que el final del patriarcado ha llegado y no por casualidad, aunque aún ocupe mi mente por muchos momentos, incluso durante el sueño. Las pesadillas vienen por ese desorden que produce en mí el relato patriarcal, sin embargo, he dejado de temer y pensar constantemente que van a violarme. Tengo la certeza -y lo digo con toda la cuerpa- mi cuerpo de mujer es inviolable. El cuerpo de cualquier mujer es inviolable. Y eso, no podía decirlo hace años, cuando entré a las colectivas feministas y la “militancia” de lo que más hablábamos y lo que guiaba nuestras acciones eran la violencia ejercida a nuestros cuerpos. Y ahora sé, que no es lo único de lo que tengo que enfocarme, sino en afirmar y decirle al mundo entero que los cuerpos de mujer son inviolables, porque simbólicamente significa mucho decirlo y creerlo. Y lo digo como una mujer que ha sufrido violencia pero que sabe que el proceso de sanación no me la dará el estado, ni el patriarcado, ni el capitalismo, ni el Derecho.
Sigo preguntándome cosas sobre el patriarcado. Me sorprende la sofisticación de este contrato sexual para implantar su proyecto. Pero como dice María Milagros Rivera Garretas, el patriarcado no lo ha tocado todo. Y sé que la libertad que el pensamiento de la diferencia me va aportando es esa de la que mi mamá y mi abuela ya me hablaban pero no estaba lista para comprender porque le di mayor credibilidad a la academencia (Mary Daly). Voy descubriendo y creando la libertad relacional porque el patriarcado ha llegado, una libertad que es relacional definitivamente y que ha empezado en mí (y reemplaza constantemente) cuando le encuentro sentido a mi ser mujer - (sexuada). Voy creyendo menos que la libertad me la va a dar otro, mi madre me dio esa libertad cuando yo nací y ella no se la pidió a nadie. Eso, me lleva a la vida.
Imagino que eso momentitos en los cuales le doy legitimidad al patriarcado, van siendo una espiral que se llena de una existencia simbólica en la que la medida soy yo, como mujer. Cuando voy reconociendo autoridad -no sororidad- a otra mujer siempre como primera a mi propia madre. Cada vez que voy practicando los relacionamientos entre mujeres desde la disparidad. Voy esforzándome por tener en cuenta mi genealogía femenina y mi origen a la hora de crear, de pararme en un espacio mixto o público, y cuando estoy en la calle en la noche y siento miedo. Tengo orden simbólico que me dio mi madre, requiero volver a él.
El final del patriarcado ha llegado y no por casualidad en mí, porque no se obliga, porque no puede decretarse, porque no puede ser una ley. El final del relato patriarcal en mi cuerpa es una disposición. Volver a mi sentir, ese que está abolido en la academia. Ahora voy siguiendo la brújula a mi sentir -a veces lo logro, otras no- pero sé que ese sentir me permite encarnar la palabra, la escritura, el trabajo, la creación. Encarnar para mí el intento por pasar todo por la experiencia. Hablar, escribir, hacer desde ahí. Volver al sentir, volver a conectar con el sentir. Volver al sentir originario (María Zambrano), ese que viene de mi madre, concreta, no de la madre, sino de ella que es creadora y que germina de una genealogía femenina.
La anunciación del Final del patriarcado llegó a mí y no por casualidad, ¿qué haré con eso? Estoy tratando de identificar la mediación necesaria en mi vida, para mí, y de ese camino por recorrer pero sobre todo, saber que no tengo que cubrir ninguna cuota o peaje por ser mujer, ni tengo que ser una heroína que dará su vida en la lucha contra el patriarcado, ahora me va bastando con saber que sólo tengo que existir, consciente de mi origen -mi madre-, de mi lengua materna, mi genealogía femenina y del simbólico de la madre. Sé que el relato que me abarca es de la vida, el de la creación. Así que voy encontrando las semillas que pueden germinar o no, porque la recolección es un relato de origen que no tiene como propósito el matricidio y por tanto el feminicidio, sino la vida, del que como mujer soy ahora consciente de lo que significa en este Final del patriarcado.


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