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Hacer siembras en la transmutación

  • 15 abr 2023
  • 3 min de lectura

Reencuentro con la pedagogía desde una mirada feminista Laura Arauz

Guiada por mi herencia de amor a la belleza y un respeto por la fuerza –buscando el jardín de mi madre, encontré el mío-.

Alice Walker


Soy mujer, nacida de mujer, nací en octubre, cuando el ciclo de la vida experimenta una transmutación que la mirada masculina significa como infertilidad, muerte, imposibilidad. Conozco de siembras, sustratos, semillas, trasplantes y germinaciones. Habitando el tiempo del kairós me reconozco en la ciclicidad de la vida. Nacer de mi madre, una mujer que lleva semillas en su vientre, del cuerpo de mi madre, de la tierra de mi madre, de su jardín, mi madre que me dio al nacer entre sus aguas, sus semillas, de ella siempre nacen y sobran las semillas. De mi madre voy aprendiendo a confiar en el proceso de la siembra, antes que nada, de la observación, esa pausa a través de la cual, una aprende a tejerse con el presente y a dar sentido, eso a lo que llamamos estar en relación.


Nacer de mujer, habitando un mundo masculino, que no en masculino porque una nacida mujer siempre habita el mundo en femenino, ha significado ser desprovista, o más bien, aprender a desconfiar de los saberes que nos tejen con la vida, estos saberes que suceden en la experiencia y representan la riqueza de esa tranquilidad que provee la cotidianidad. Habitar la vida en femenino hace posible la observación y la pausa. Es para la mirada masculina imposible la siembra en la transmutación, para esta lógica dominante y de poder, la siembra no tiene presentes los ciclos, lo que en realidad hace es forzar a la tierra a producir en todo momento llevándola hasta el agotamiento. La siembra en la transmutación reconoce su relación con la tierra, su propósito no es el fruto, su intención es la relación, el proceso, el cuido.


Tener presente la relación y el proceso me hace poner atención en las semillas y la intención. Las semillas son femeninas, pertenecen al orden de las Diosas, de la madre, de las mujeres, de la tierra, de la vida, de la potencialidad y la posibilidad. Las semillas son origen y habitan siempre la potencialidad del origen. Sólo la violencia masculina puede imaginar y hacer real la falta de posibilidad de ser origen para las semillas, como para la tierra y para las mujeres. Las semillas dan origen a algo nuevo, no nacen de la nada, como en la imaginación masculina de la partenogénesis, ellas forman parte de una genealogía femenina que permanece siempre latente.


Una semilla contiene la potencialidad del nacimiento de algo nuevo bajo las condiciones apropiadas de la tierra para la siembra, la germinación y su desarrollo. Una semilla nunca se encuentra en desolación, en su anatomía consta de la testa como capa protectora del embrión y, que es consecuencia de la historia de la semilla.


En mi visión, una pedagogía feminista nace de las siembras en la transmutación y hace siembras desde la transmutación, porque la transmutación es el transcurrir de la vida, nada permanece inamovible, el transcurrir del tiempo conlleva la experiencia, la experimentación, tiene presente la relación, el tiempo del Kairós, los ciclos, los procesos, la siembra, la intención, las semillas, la tierra.


Una pedagogía feminista de la siembra en la transmutación cuida la relación, el proceso, las condiciones. También, sabe que siendo semillas y habiendo nacido del jardín de nuestras madres la testa se ha formado como una envoltura protectora que resguarda su historia, su memoria, sus experiencias y sus saberes, así protege la vida y conserva la posibilidad de seguir siendo origen. Como mujeres, somos jardines, somos semillas habitadas por la potencialidad creadora. La relación pedagógica femenina es creadora de nuevos mundos, no de repetición como el tiempo lineal del kronos masculino. En la ciclicidad el transito no ocurre nunca igual, y nuestra posibilidad relacional abre caminos, nuevos andares desde los cuales se reinventa el mundo.


Y, habrá semillas que se encuentran en nuestros jardines y que germinarán antes que otras, también habrá semillas que germinarán y otras que no lo harán o lo harán más lentamente. Es importante que aprendamos a reconocer el estado de dormación de las semillas que son las historias, los relatos que se encuentran detrás de este estado y que fueron parte de la creación de la testa, son sus procesos para proteger sus secretos. La toma de conciencia a la que nos invita la testa y su estado de dormación es necesaria para entender, intencionar y tejer la relación.


Hacer siembras en la transmutación como mujeres nacidas de mujeres nos convoca a poner atención en la relación, a observar, crear y habitar los procesos para tejernos como creadoras de realidades.


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