La experiencia creadora en la invención de mediaciones
- 9 sept 2023
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Actualizado: 10 sept 2023
Laura Arauz
La educación es el lugar de la invención de las mediaciones, es el hacer con gracia lo que se podría hacer por la fuerza, es el inventar los caminos para poner en relación dos cosas que no la tenían. Como mujeres, nos encontramos en un mundo habitado por mediaciones masculinas, por eso ha sido necesario separarnos de los hombres para poder reconocer y nombrar a partir de nosotras, hacer simbólico y, crear prácticas de libertad femenina.
Las mediaciones femeninas se encuentran en la vida de una mujer, es el no saber reconocerlas o, al significarlas como inadecuadas que se elige desecharlas. Son tantas mujeres, comenzando por nuestra madre o quien ocupe su lugar, las que nos presentaron el mundo a través de su mediación. Las mujeres han sido mediaciones vivientes que, al ponernos en relación y diálogo con el mundo, nos han abierto la posibilidad de habitarlo y, ser creadoras de presente. Las mujeres, aún y con todo el desorden simbólico masculino, inventan las mediaciones presentándonos un mundo habitable.
Ha sido la pedagogía masculina la que nos ha hecho creer que hay fórmulas para educar, que deberíamos tener todo bajo control y el absoluto conocimiento sobre lo que hacemos en educación; por eso, la madre, la primera educadora y mediadora ha sido tan desprestigiada por el desorden masculino, porque la madre crea un lugar habitable, un lugar para la mediación al encontrarse en relación con su criatura, inventa la mediación a partir de lo que observa y de su sentir para presentarle el mundo a su criatura, para darle aquello que, a su modo de ver es lo más bello o lo más adecuado. Y, como práctica de libertad femenina, ella confía en que su criatura le dará el uso que quiera.
Las mediaciones que va inventando una mujer, por su capacidad de ser dos, de acoger a lo otro, de hacer otro orden, se encuentran en presencia de la experiencia de la Mística, del misterio que toca a cada mujer si acepta recibirlo. Las maestras y las educadoras son quienes continúan la obra de la madre, pero es la pedagogía que nos ha dicho que la educación nada tiene que ver con la madre y que, en cambio, es ella la que debería aprender a educar a sus criaturas siguiendo los consejos de los expertos. Hay teorías, métodos, técnicas que se han inventado ellos en la universidad o en los centros de investigación para decirles a las mujeres por qué, para qué y cómo educar, es lo que María Milagros Rivera ha llamado la violencia hermenéutica, “la violencia hermenéutica práctica una clitoridectomía simbólica: hace o intenta hacer que la mujer pierda el placer de serlo, perdiendo, en el proceso de conocer, el contacto con la fuente de su placer y con el origen y el valor de su sentir clitórico. Hasta conseguir, si se puede, que una mujer se avergüence de serlo.” Cuando una mujer pierde el placer de serlo, pierde contacto consigo misma, deja de acudir a las evidencias de su cuerpo y de sus sentidos porque no confía en lo que le dicen, acude a mediaciones externas, masculinas que parecen saber exactamente qué hacer, así como Antonietta Potente habla sobre la relación que Otros tienen sobre la naturaleza “saben de Ella más que Ella misma; dicen conocer sus secretos; saben cómo manipularla para que siga el ritmo del desarrollo.”
Educar se encuentra en el lugar de la experiencia abierta a la posibilidad de relación creadora con el mundo. Desde lo masculino, lo lúdico ha sido vinculado al juego como entretenimiento y desestresante, se ha vaciado de significado. Pero, lo lúdico es un forma de ponernos en relación con lo otro desde el lugar de la creación y del amor, no ya desde la evasión de la realidad; sino, siempre en relación. “Producir no es igual que hacer nacer y cuidar del nacimiento” (Antonietta Potente), es hacer con gracia lo que se podría hacer por la fuerza. Como mujer me abro y acojo la posibilidad de crear mediaciones para hacer habitable el mundo mediante un relacionamiento creador conmigo, con el mundo y entre mujeres.
Pienso en experiencias que he tenido a lo largo de mi vida para dar sentido a las mediaciones que he inventado, porque las experiencias de las mujeres están siempre por ser significadas; como cuando mi hijo era muy pequeñito y compramos un bote para que guardara sus juguetes, recuerdo la facilidad con la que lo vaciaba y jugaba por toda la casa y la dificultad de hacerle recogerlos una vez que ya estaba agotado, somnoliento y malhumorado. La observación y la escucha son necesarias para con una misma en este camino de crear mediaciones, una escucha amorosa por la que una elegirá y decidirá transitar; porque como creadoras de experiencias, somos las primeras en experimentarlas. Con el deseo de ahorrarme momentos incómodos a mí misma, supe que debía crear un camino que me hiciera habitar otro sentir. Fue entonces que, a cierta hora comenzábamos a jugar lanzando los juguetes al bote tratando de atinarle. Así, terminábamos de guardarlos cada día, durante varias semanas. El momento en que consideré que ya no necesitaba hacerlo junto con él fue cuando noté una significación distinta de ese guardar los juguetes. Luego de los años, dejó de ser necesario ese juego y guardar los juguetes no volvió a ser más un momento incómodo. En esa experiencia inventé, guie, acompañé, di un sentido.
Tuve que moverme de lugar, ponerme en relación distinta conmigo y con el mundo para abrirme a otra manera de explorar ese camino. Desde hace muchos años he creído que al educar, acompañamos y compartimos un camino que nosotras hemos inventando con una intención muy clara que a una misma le da sentido de su hacer. En este hacer no estamos fragmentadas ni descorporizadas, somos, como lo nombra Antonietta Potente, alma corporal y su sentir y, como ella misma trae a Hildegarda de Bingen: “porque veo estas cosas de esta manera, por eso también las percibo según el movimiento de las nubes y de otras criaturas.”
Me provoca mucha pesadez hacer que algo suceda por la fuerza, cuando me ocurre el sentirme en una situación “por la fuerza” sé que en mi relación con lo otro, algo no estoy viendo, algo no estoy sintiendo. Cuando quiero que algo ocurra, que se mueva de lugar, pero no logro hacer esa mediación, me siento en crisis.
Hace muchos años, trabajé en un preescolar dando un taller continuo de iniciación a la danza mexicana, mi intuición me llevó a buscar ejercicios corporales, además de los que ya conocía porque había practicado danza mexicana y teatro, para compartirlos y explorarlos en las clases. Mi intención era experimentar en cuerpo propio el movimiento corporal mediante lo lúdico, movernos en el espacio, jugar con el cuerpo y los movimientos como formas expresivas para crear relatos. Sentí ese empuje hacia la fuerza cuando me pidieron resultados, es decir, cuando requerían que en el festival del día de muertos presentarán un bailable que diera cuenta de que estaban aprendiendo a bailar, que su cuerpo estaba domesticado y disciplinado. Al principio no sabía cómo acomodar la petición con mi sentir. Y, como sentía que debía cumplir con la petición pero siendo fiel a mí misma, incorporé en los ejercicios de cuerpo para esas criaturas de entre 3 a 5 años de edad, movimientos de animales y movimientos para explorar el espacio que hicieran posible montar una danza prehispánica. Hicimos tamborcitos y sonajas con las que fuimos explorando el ritmo, los sonidos, el movimiento, el silencio. En el lapso de un par de meses montamos un par de danzas, hacían sonar sus sonajas y tambores y, danzaban al mismo tiempo. Volvimos a montar otros bailes y una obra de teatro para los siguientes festivales de ese año escolar.
El reconocer que soy la primera que se pone en relación ha sido un primer paso; saber que, para inventar mediaciones necesito no aferrarme a mis creencias y moverme del lugar de percepción/significación es otro paso; y, buscar o inventar otras maneras de ponerme en relación. Pienso que este es un camino amoroso para una misma, llevarse con amabilidad y ternura cuando una misma no tiene la claridad sobre cómo o a dónde transitar. Es mi sed que me hace percibir el caos que se encuentra en la vida, más allá de lo patriarcal, porque nos encontramos “En la realidad ardiente de un universo que nunca ha revelado sus secretos, nosotras quitamos mucho del crédito dado a los empeños de la cultura. Queremos estar a la altura de un universo sin respuestas. (Rivolta Femminile / Manifiesto).
Es esta manera en la que una mujer se lleva a la experiencia de inventar mediaciones, un lugar donde habitar la relación lúdica, creadora. Al autorizarse a ponerse en relación creadora con el mundo, que es una práctica de libertad femenina, una mujer se autoriza a inventar mediaciones, a crear presente y experiencias necesarias de ser significadas. Autorizarse a sí misma a ponerse en relación lúdica con el mundo es, a su vez, autorizar a las otras a hacerlo. Algo que no sospechábamos o que no sabíamos o que creíamos que no era posible, lo es, se hace experiencia. Es esta una de las razones por las que volvemos tanto a la madre o a quien ocupe su lugar, por esta relación lúdica y amorosa que hace orden. Fueron mi abuela materna y mi tía en quienes reconocí este ponerme en relación creadora con el mundo a través de su mediación. Ellas me cantaban canciones que sabían de memoria o que inventaban al momento, me contaban cuentos y relatos cuando hizo falta, preparábamos los alimentos juntas, acogían mis preguntas e intentaban responderlas conmigo, jugamos, bailamos, leíamos juntas. Aprendí a habitar el mundo desde el lugar de lo posible, eso marcó mi manera de significar a la pedagogía y a la educación. Fue con mi prima con quien aprendí que crear cosas era crear mundo, no tuvimos talleristas en el contexto que habitamos, pero tuvimos la mediación viva de las mujeres que se pusieron en relación creadora con el mundo, así nos atrevimos a inventamos los caminos “hacer nacer y cuidar del nacimiento”, quizá eso marcó nuestra disposición a inventar y acompañar caminos. Mi abuela, como tantas otras abuelas y madres decía “lo que no se sabe se inventa.” Es la disposición a responder lo que mi abuela materna me autorizó a hacer, teniendo como medida a otra mujer.
Cuando pienso en inventar y compartir talleres con las mujeres y las niñas me recuerdo que soy creadora de mediaciones, de nuevos relacionamientos que nos abran al diálogo, a la pregunta, a la experimentación y que, éstas son revelaciones que he ido teniendo como mujer habitando el mundo, que nacen del caos y de las preguntas. Son los encuentros que revelan aquello escondido que a una mujer tantas veces le causa pánico, encontrarse frente a un universo sin respuestas. El mundo que anhelamos habitar se encuentra a la expectativa de nuestras creaciones, de nuestras mediaciones, de nuestras respuestas. Mi manera de traer el final del patriarcado es inventar caminos que nos pongan en relación creadora, en diálogo con nosotras mismas, entre mujeres y con el mundo.
Ponerme en diálogo, en relación creadora como tallerista
Hubo un momento en que mi relación conmigo necesitaba transformarse, algo se movió en mí, de haberme nombrado como fragmentada y rota, necesitaba dejar de significarme con esas palabras. Deseaba sentirme completa, sentir mi cuerpo entero en cada momento, mi alma corporal. Comencé a tomar consciencia de mi cuerpo, de su presencia continua en toda mi vida y en todo lo que hacía. Cómo involucrar un cuerpo que siempre está presente pero que sentía que no me hablaba en todo momento.
Volví a caminar sin rumbo, regresé a mi respiración, comencé a poner atención en mis movimientos, me descalcé, estiré, moví mi cuerpo lentamente, busqué mi ritmo, exploré otros ritmos, cerré mis ojos, escuché los sonidos a mi alrededor, percibí aromas respirando profundamente, pregunté a mi cuerpo, a mis órganos, a mis entrañas, a mis sentidos qué necesitaban decir, qué tenían por contar, hablé con el miedo, con la tristeza, con la rabia, pero también con mis deseos, habité la hoja en blanco, escribí y dibujé, palpé las texturas de los papeles, de las telas, de los hilos, jugué con ellas. Me estaba abriendo a la relación creadora. Es el saberme exploradora del mundo lo que me autoriza habitar el mundo desde la relación creadora. En aquella época en que daba clases en preescolar, hubo una vez que nos descalzamos sobre papeles kraft y pintamos con nuestros pies y con nuestras manos. Recordar esas experiencias en que me atreví a ser origen me han autorizado a seguirme atreviendo.
Como tallerista tenía sed también, necesitaba incorporar el cuerpo en los talleres, no sabía exactamente cómo, pero requería que estuviera presente, siempre lo está, pero necesitaba que hubiera consciencia del cuerpo, que el cuerpo hablara, que pudiera nombrar. Recurrí a esas mediaciones que me ponían en relación creadora con el mundo, que otras mujeres también estaban ya explorando. Una hace siempre con el cuerpo, sin éste no sería posible, pero es el cuerpo sentado durante largo tiempo que parece desaparecer, dejamos de crear con el cuerpo entero. El cuerpo se percibe como un medio, una herramienta y no como mediación viva con la que toco la vida, con el que hago nacer el mundo. Cómo hacer de nuestras experiencias como mujeres en el mundo prácticas de libertad femenina. Para mí ha sido Intencionar, que es la posibilidad de dar sentido y significado a partir de mí misma. Si quería que fueran prácticas de libertad femenina debía repensar en mis mediaciones y tomar consciencia de cómo había aprendido en el patriarcado a ponerme en relación conmigo, entre mujeres y con el mundo.
Cuando habitamos el mundo desde un espacio relacional creado para mujeres, dónde queda el cuerpo, cómo hacer para que un taller se teja y enraíce con la realidad, para que el leer juntas, o el escribir o el bordar o el dibujar o el crear no queden como acciones aisladas que no germinan en nuestra existencia completa. Un espacio tallerístico no tiene por qué cambiar la vida, pero sí puede enraizarse en ella.
Sentir el caos para comenzar desde un nuevo lugar. Cuando una mujer se siente en la encrucijada, en la incertidumbre, es lo que llamo posibilidad creadora. Dice María Milagros Rivera que “Cuando una autora se encuentra en la encrucijada entre interpretar, escribir y leer en femenino o interpretar, escribir y leer en fálico, entre su placer de conocer como mujer y el conocimiento sin madre, la inspiración de su corazón soplada por su hera concreta y personal puede impedir, si la escucha, que se equivoque de placer, de camino y de orgasmo.” Intencionamos. Somos las sembradoras de nuevas experiencias relacionales entre mujeres, las practicamos, son fuente de experiencias y saberes. Conectar con mi sentir y dejarme guiar. Me recuerdo, no tengo que poseer recetas ni fórmulas relacionales, regreso a mí, me detengo, observo, escucho, palpo, siento, busco, encuentro, invento.



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