La relación entre la madre y la hija es creadora de mundo
- 15 abr 2023
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Laura Arauz La pedagogía patriarcal/masculina es la pedagogía de la repetición. Su objetivo es el control del resultado, la determinación del producto. Para lograrlo genera fórmulas, a través de las cuales tenderá a repetirse, cualquier corazonada estará fuera de lugar. La repetición primigenia en la que el (des) orden simbólico masculino continuamente insistirá será la de la ruptura entre la madre y la hija, haciendo de ella un lugar de repetición entre mujeres. Así, aprendimos a a relacionarnos con nuestras madres y abuelas con desprecio y rechazo, no crecemos significando esas relaciones desde el amor, el deseo y la creación, sino desde la mirada masculina. Nos alejamos de nuestras madres y abuelas, de sus espacios, de sus cuerpos, de sus abrazos. Sin embargo, es en la relación con la madre o con quien ocupe su lugar donde creamos el mundo. Nos dijeron que el mundo ya estaba hecho, que sólo se esperaba de nosotras la repetición de conocimientos, métodos. Nos dijeron que ya teníamos un destino. Pero, en la relación de la madre con la hija ambas crean el mundo, van hilando y tejiendo día a día, van siendo semillas y sembradoras. En la relación entre madre e hija sucede la creación de mundo y realidad, en ella aprendemos a leer el mundo, a dar sentido y significado desde el cuerpo a cuerpo con la madre. La relación entre la madre y la hija no es un lugar de repetición, juntas dicen el mundo en palabras, lo nombrar. Se trata de un mundo que parece existir, al que supuestamente no se puede aportar nada nuevo, pero que va cobrando sentido conforme la madre se lo va presentando, es el momento de la creación, de libertad, del juego, de la curiosidad, de la pregunta y del placer. La relación primigenia entre la madre y la hija es forzada a la ruptura una y otra vez, en cada madre y en cada hija. La madre es forzada a experimentar su relación con su hija en forma de carga, como una exigencia hacia donde supuestamente ella tendría que dirigir a la hija. La madre se encuentra entre el acto de la creación y el de la repetición, entre la exigencia como carga masculina y el placer de la excelencia. Y, aunque propensa a la complejidad, no se agota. La relación entre la madre y la hija nos da pauta para que en cada relación que vamos hilando y tejiendo con otras mujeres sea posibilidad de crear mundo, porque en cada relación que iniciamos con una mujer habita en nosotras el deseo de la no repetición, sino la creación de algo nuevo, abriéndose para nosotras un mundo de creación.



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