La mediación de lectura como práctica política de las mujeres**
- 8 jun 2023
- 12 min de lectura
Los relatos importan: dice Ursula K Leguin en su texto
La teoría de la bolsa de transporte de la ficción
escrito en 1986
Mi relato:
Me llamo Michelle y soy una mujer nacida de mujer. Dice mi madre que nací con un diente. No hay evidencia, pero la voz de mi madre es contundente, además, ella me parió. Nací en México. Crecí en el distrito federal. Lo que ahora conocemos como Ciudad de México o Cdmx. En una colonia de la, antes, delegación Gustavo A Madero. Ahora son alcaldías. Mi madre estudió la secundaria. Mi abuela no fue a la escuela. Tengo el barrio en la cuerpa, en la boca, en los deseos y en el pensamiento. Nací en el barrio violento, en el barrio de la salsa (no del perreo). En el barrio del acoso y la violación. En el barrio donde se creyeron el cuento de Caperucita. El barrio donde después de las once de la noche había que llegar corriendo, como mujer, claro. En el barrio donde los hombres se adueñan de las esquinas y de las banquetas. Donde los hombres golpean a las mujeres. Donde hay incesto. En el barrio donde los jóvenes tienen armas para asaltar, asesinar… para ser hombres, decían. Pero también, Crecí entre el olor a pintura, telones, cajas de cartón para tiendas departamentales, palabrotas y palabritas. Desbordada de cuentos y canciones en voz de mi madre. De arrullos en brazos de mi abuela. De bailes y juegos. De creación. De sueños. Rodeada de plantas y hierbas aromáticas para cualquier remedio. Entre limpias de huevo y laurel.
Para mí, como mujer, la mediación de lectura es una práctica política, porque es volver no sólo a mi genealogía femenina sino a la genealogía de la historia de las mujeres porque las mujeres estamos desde el origen. Somos el origen. Mi madre es mi origen.
Reconozco ahora que mi primera mediadora es mi madre. Ella me mostró el mundo por primera vez siendo criatura. Me fié plenamente en ella. Confié en lo que palabras que ella me regaló para nombrar al mundo. Me dio augere, autoridad. Conocí parte del enorme mundo gracias a su mediación. Ella me enseñó la lengua materna (de la cual habla Luisa Muraro). Ella fue una puente entre la palabra oral, la escrita, yo, el mundo y las otras (y otros).
Hablando de relatos, creo que patriarcado es un relato del cual no somos personajas. En su trama arrebata a las mujeres (o intenta arrebatar) su genealogía. Busca imponer un origen irrisorio y absurdo. Busca caminos para introducirnos en sus fantasías, en sus necedades y proyecciones de lo que debe ser y hacer una mujer a su servicio. Intenta quitarnos el valor social y simbólico.
Desde la historia de violencia que nos han contado, y que se impuso, hemos sido asesinadas por nacer niñas, hemos sido violadas desde la infancia en la propia familia, en los lugares públicos… Se ha traficado con nuestros cuerpos para ejercer violencia sexual y para apoderarse de nuestra capacidad de crear vida en nuestros cuerpos - y ese proyecto utópico patriarcal continúa en estos días-. Un ejemplo de relato patriarcal que la escritora Gabriela Damián Miravete nos convida en un artículo de la revista Letras libres versa.
En México es razonable educar a las niñas para cuidarse de los agresores. No es una prioridad educar a los niños para no agredir, porque, se sabe, así son los hombres: es su naturaleza. …es razonable pensar que las mujeres víctimas de violencia doméstica deberían resolver sus asuntos en privado, o bien, aceptar que eso les ocurre por tontas, por dejadas. No es una prioridad hacer de la violencia doméstica un asunto de interés público, a pesar de que la delincuencia, uno de nuestros problemas más graves, está inextricablemente ligada a ella. Aquí es normal culpar a las madres de niñas y jóvenes asesinadas por cualquier cosa que pudiera pasarles.
Y ese relato es escabroso, horroroso. El patriarcado es un relato de dominación. Un relato de héroes, siguiendo a la abuela espacial Ursula K Le Guin. Pero no es el único relato, hay otras historias que no salen de las boca de la bestia del patriarcado. Las mujeres sí somos vida y experimentamos el eros - como dice Audre Lorde:
lo erótico es como una semilla que llevo dentro. Cuando se derrama fuera de la cápsula que lo mantiene comprimido, fluye y colorea mi vida con una energía que intensifica, sensibiliza y fortalece toda mi experiencia.
Las mujeres por lo tanto clitóricas, hemos existido siempre. Sí, las mujeres somos parte sustancial del origen. Sin las mujeres no hay origen. Las mujer es siempre están en el origen. La mujer es origen. Así que nosotras, las mujeres estamos aquí, gracias a una genealogía tremenda de mujeres históricas, encontrando también nuestra libertad femenina y al eros interno como fuerza creadora.
he soñado con mis ancestras y su olor a tierra dejada
las he visto trabajar en fábricas con la cara llena de sudor
he visto a mis ancestras bailar sobre los cerros
a la abuela con su mandil y su falda holgada de algodón
encendiendo veladoras
mientras en el comal pone tortillas a tostar
y la olla de barro ebulle con los frijoles y epazote morado
he visto a mi abuela amar con su rebozo
sus manos callosas y su voz pulquera
he visto a mi madre
una niña con piernas largas que deseaba ir a la escuela
y mojar sus pies en la mar
la he visto con su falda amplia
colgando la ropa en los tendederos
mientras le canta a su hija en lengua materna
lo que no aprenderá de ninguna otra boca
la he visto
la he olido
la he escuchado
la he palpado
la he visto
he visto a mis ancestras en sueños
envueltas en verdolagas
con su cabellera intacta
de sus manos nacen hierbas
y de su boca crecen hebras
que bordan las prácticas de relación
he visto a mis ancestras en sus jardines
con sus risas locas
y sus espíritus sacudidos
mientras
las flores y frutas se estremecían
con la danza de coatlicue y meztli
he visto a mi abuela y a mi madre
gritar los deseos de su espíritu
Las mujeres siempre hemos estado haciendo mundo. Siempre hemos estado en relación. Hemos sido mediadoras. Por ejemplo, las mujeres mediante círculos de mujeres han puesto en juego la práctica de estar en relación por el gusto de estarlo (María milagros Rivera Garretas). Han sido prácticas desafiantes a los poderes patriarcales. Son los círculos donde mujeres que han reconocido la fuente del valor femenino, ese más que hace crecer, que nace de la autoridad.
Mi dedicación a la mediación de lectura desde el principio ha sido así, una posibilidad como pedagoga de estar en el sentir, en relación e irme haciendo más dueña de mi propia vida, como dice Michele Petit.
La mediación de lectura con perspectiva de género fue una parte de mi camino, un tránsito que me ha traído a otros bosques. Yo no nací oliendo el feminismo. La práctica feminista conciente me llegó pasados los treinta años de edad. Y esa espiral me ha traído a unamediación de lectura feminista porque de raíz no la inventé yo, ni la cree yo, es parte de la historia de las mujeres. Sé que hago mediación de lectura primero porque he venido reconociendo a mi madre como al primera mediadora.
En la mirada patriarcal, nos dicen que la mediadora o mediador de lectura no importa. Se problematiza y se compara con la mediación jurídica que es patriarcal. Pero para mí es importante mirarme y nombrarme mediadora de lectura, así, sexuada y volver a la historia de las mujeres que han hecho autoridad femenina y que han estado en relación: mujeres que recuperan la fuerza creativa de la palabra, rompen miedos, tabúes, confusiones y silencios y encuentran sostén simbólico ahí con las otras mujeres, con la mediadora.
Yo creo que las mediadoras de lectura podemos ser, eso, mediadoras entre las mujeres y el mundo. Entre las niñas y niños y el mundo. Mediadoras entre la palabra oral, palabra escrita, lo simbólico, el mundo, los cuerpos y las otras y otros. La historia de las mujeres lo dice, porque las mujeres siempre han estado allí, aquí… en todos lados.
El relato masculino que dice que no han habido mujeres en la historia, que son pocas las que han sobresalido que las mujeres o que de plano no afirman que no tenemos la capacidad para escribir, investigar, etc. etc., es un historia patriarcal que pone a las mujeres en la Historia, con hache mayúscula. Pero la otra historia, la nuestra, la historia de las mujeres, es otra, es otro relato. Ese es el relato creador. Y ese, ahora, me proporciona orden.
En la mediación de lectura se ha hablado de horizontalidad, vínculos, escucha y diálogo a partir de las preguntas. De poner el cuerpo. De comunidad. Sin embargo hay una aventura en romper la práctica patriarcal de la lectura, del encuentro con los textos, de los relacionamientos que tenemos con los textos y potenciar las experiencias lectoras.
Y para mí es volver al origen, por eso considero necesario ir a la historia, a la historia lectora de la cual se ha hablado desde hace muchos años. Esa historia que me implica como mediadora, pero antes como mujer mediada por mi madre primero y por otras mujeres después. La historia lectora me hace ir al origen, pero no a cualquier origen, sino a mí origen. El propio.
¿Quién nos enseñó la lengua materna? ¿Quién nos relacionó con el mundo por primera vez? ¿Cómo fue?
A mí me parece que esa historia lectora es un recorrido constante. No se hace una vez en la vida y ya. No sólo cuando nos formamos como mediadoras de lectura. Y no tiene que ver solamente con la cultura escrita.
¿Qué relatos nos abarcan y habitan? ¿Qué relatos no sabía que existían?
La mediación lectora nació fuera de la academia, en los bordes o me atrevería a decir, fuera del patriarcado, antes del patriarcado, incluso. Nació de las entrañas de las mujeres y desde su libertad femenina porque el patriarcado no lo ha tocado todo (María Milagros Rivera Garretas). Aunque parezca y lo intente.
Pienso en las mujeres que conocí en el Cefereso 16 de máxima seguridad en Morelos. Las que fueron detenidas arbitrariamente y violentamente. Que están allí sin un proceso jurídico masculino. En esas mujeres con las que estuvimos en relación recordando la lengua materna, la historia de las mujeres, hablando en primera persona, escuchándonos y aprendiendo a mirarnos.
El relato patriarcal ha tocado la mediación de lectura, nos ha dicho que el género gramatical “neutro” masculino abarca a las mujeres. No lo creo. Yo soy mediadorA de lectura.
Nos ha dicho también, que la selección de textos se hace de de acuerdo a categorías academicistas pero su origen viene desde otro lugar. Otros lugares.
Si el cuerpo de la mediadora de lectura no está en su práctica entonces, sí hay restos del patriarcado en su cuerpo, porque acaso no leemos lo que nos provoca, lo que nos incomoda. Yo leo porque me importan los relatos porque estoy tejiendo mi propia genealogía. Me interesan los relacionamientos con otras. Entonces la pregunta inspirada en Diana Sartori es ¿quién me manda hacer mediación de lectura como mujer?
Si la mediación de lectura germinó del querer convidar con otras mujeres -y otros- la lectura en voz alta de un texto, de ser una puente como la madre hace con sus criaturas, o de generar encuentros a ciegas entre lectoras y escritoras. Estar en relación con otras -y otros.
Para mí, la mediación de lectura es la posibilidad de crear y limitar espacios-territorios que empiezan con mi cuerpa, cuerpa no sólo física, sino sexuada, sino simbólica, sino histórica.
La lectura que se hace cuerpa provoca experiencias lectoras. Estar alerta a estas experiencias nos posibilita potenciarlas. Como mujer me parece sumamente potente: dialogar con mis sentires, pensares, violencias, con los estereotipos, las creencias, costumbres, con mis desórdenes simbólicos, con mi propio relato patriarcal a partir de otras en relación a otras. Hay una potencia tremenda para tejer la horizontalidad de la que tanto se habla en la mediación de lectura. Una horizontalidad, que para mí es más una espiral que se teje en el augure y que sólo se pone en juego en relación con las otras -y otros, porque es donde mi lectura de mundo se interpela, justo, al escuchar las otras lecturas de mundo, y a su vez, cuando cuestiono mis propias lecturas pasadas. Porque se puede trasmutar en un tiempo que no es cronos sino kairos.
Dice Elisabeth Sahtouris, una bióloga evolutiva futuróloga, que la mirada de mundo se parece a los jardines. Jardines que fueron sembrados en nosotras desde niñas -y niños. Menciona que gradualmente podemos tomar el control -o no- de esos jardines para seguirlos cultivarlos. Es decir plantea la maravillosa práctica de cambiar esos jardines: podarlos, ponerles más semillas, quitar hierbas, poner sulfatos, sacar al sol, ponerles más o menos agua, hablarles, cantarles. Y sí, creo que las mediadoras de lectura podemos convidar semillas con otras. Es decir otros relatos, otras preguntas, otras escuchas. ¡Quién sabe, tal vez esas semillas germinen!
Me pregunto constantemente, ¿mi lectura del mundo y de los textos están aún influenciadas por los restos del patriarcado? porque para construir espacios comunitarios feministas de mediación lectora hace falta, para mí, cuestionar mi propia lectura de mundo. Implica, también, re-leer mi historia lectora. Los sesgos están ahí, porque la historia propia -que no es individual sino en relación, está ahí, con violencias -o no, con resistencias ancestrales -o no, con rupturas históricas -o no, con libertad femenina y con sentires.
Imagino que cuando sabemos que el patriarcado no es el único relato de la historia, entonces nos permitimos fantasear con la creación de otros espacios más habitables. Y entonces, nos permitimos soñar. Y hacernos dueñas de ese sueño. Si no ¿para qué querríamos ser parte de un territorio donde un texto es el pre-texto para dialogar, inventar preguntas que no tienen respuesta -o sí, para expresar nuestros sentipensares y memorias, para hacer sonrisas engranadas y llantos, para cambiar principios y finales, para encontrar el hilo continuo que con las violencias se nos han hecho nudo, para convertirnos en poesía y crear poemas?
Esta práctica de la relación que nos abre a crear realidad experimentando con la propia cuerpa no es única pero sigue el camino de la madre, que siempre está antes. Sólo quienes creemos con la entraña que el patriarcado es un relato falso, aspiramos a soñar e intentamos hacernos cargo de nuestros sueños.
Dice Ursula K Le Guin, una escritora de ciencia ficción, que en las zonas tropicales la primera actividad no fue la caza sino la recolección, que en la historia hemos recolectado semillas, raíces, brotes, pequeñas plantas, hojas, frutos varios y cereales, añadiéndoles insectos y moluscos, y atrapando pájaros, peces, ratas, conejos y otros pequeños animales sin colmillos, para aumentar las proteínas
Y también acota que:
Es difícil contar un relato verdaderamente apasionante de cómo arranqué una semilla de avena brava de su vaina, y luego otra, y luego otra, y luego otra, y luego otra, y luego me rasqué las picaduras de mosquitos, y Ool dijo algo gracioso, y fuimos al arroyo a beber agua y ver las salamandras un rato, y luego encontré otra mata de avena... No, no es comparable, y no puede competir con cómo le di una estocada con mi lanza al enorme flanco peludo, mientras Oob, empalado en el enorme colmillo, se retorcía chillando, y la sangre brotaba por todas partes en borbotones rojos, y Boob fue hecho papilla cuando el mamut le cayó encima, mientras yo disparaba mi certera flecha directa del ojo al cerebro de la bestia.
Así, para mí la mediación de lectura también se relaciona con la recolección, ¿acaso no estamos en recolección de lecturas que nos provoquen experiencias lectoras, otras. Otros relatos. Relatos de avenas bravas?
• leer es un acto de relación y en esa relación que establezco con un texto escrito por otra mujer -u hombre- dejo que me hable. Me dejo fluir en el desafío que provoca esa relación en la cual nuestra lengua materna también se pone en juego. Eso es experiencia lectora.
• Estar en el sentir, porque las experiencias lectoras me provocan estar en el presente. Así que me hace poner atención en cómo encarno y acuerpo lo que voy leyendo.
• mis palabras y mi voz son una puente que teje con otras puentes, y es a través de ellas que convido lo que el libro me hizo conectar con la vida, con mi genealogía, con mis miedos, temores, alegrías, sueños.
• hallazgos, revelaciones. Las experiencias lectoras, suceden. No las provoco. Pasan en tanto leo con la cuerpa y esa cuerpa se siente convocada o no por la incomodidad de las palabras que encuentro en un libro. Las experiencias lectoras a veces suceden, a veces no.
Hago mediación de lectura para volver a mi genealogía femenina, a mi origen, para hacer presente con otras -y otros. Mi deseo como recolectora lo comparto con las palabras de Barbara Verzini, quien dice que de lo que se trata es de escuchar cada vez más historias (relatos) de mujeres que ejercen libremente su propia energía creadora, conscientes de su propia potencia y autoridad, tendencialmente opuesta a un orden simbólico patriarcal, tanto en textos escritos como en los relacionamientos que implica la mediación de lectura.
Para mí la mediación de lectura es una práctica política, no neutra. Una práctica política como mujer.
La mediación de lectura es un proyecto que me ocupa como mujer. Me potencia a hacerme preguntas sobre cómo vivir mejor en un mundo desigual, en un patriarcado que ha querido borrar a las mujeres. Me hace intentar bordar espacios de relación: donde nos reunimos para leer, dialogar y escucharnos.
Me convoca a ser responsable de mi proyecto: es mi sueño, mi acción y mi potencia que germinará con otras -y otros. Ser semilla. ¡Podemos ser semillas!
Y quiero cerrar con la parte final del ensayo La teoría de la bolsa de transporte de la ficción de Ursula K Le Guin, la anciana que ha sido una guía simbólica en mi práctica recolectora, sólo que me atrevo a ponerle la mediación de lectura cuando ella dice Ciencia ficción:
La ciencia ficción (o mediación de lectura), concebida de la manera correcta, como toda ficción seria, por muy humorística que pueda resultar, es una manera de intentar describir qué está pasando realmente, qué es lo que la gen- te realmente hace y siente, cómo se relaciona la gente con todo lo demás en este apilamiento, este vientre del universo, este útero de cosas por venir y tumba de cosas que fueron, este relato sin fin.
En ella, (y en la mediación de lectura) como en toda ficción, hay espacio suficiente para mantener incluso al Hombre en el lugar que le corresponde, en su lugar en el esquema general de las cosas; hay tiempo suficiente para recoger mu- cha avena brava y también para sembrarla, y para cantar al pequeño Oom, y para escuchar el chiste de Ool, y para mirar las salamandras, y el relato todavía no ha terminado.
Todavía quedan semillas por recolectar, y todavía queda espacio en la bolsa de estrellas.
**Este texto es una versión corregida del original que fue convidado en la Feria Internacional del Libro del Estado de México, México el 3 de septiembre 2022.



Comentarios